Este relato lo inicio comentando un poco del contexto en donde pasé la adolescencia. La zona en donde crecí y en la que aún permanezco fue conocida como la colonia de los profesores, aún no se creaban las viviendas del FOVISSSTE, en donde ahora se concentra este gremio; y no sé la razón por la cual una gran cantidad de maestros decidieron casi fundar esta colonia, gran parte laboraban en educación primaria y muy pocos en secundaria. Por consiguiente sus hijos eran la mayoría en el grupo de amigos.
Al terminar la escuela secundaria todos ellos, imagino que por influencia de sus padres deciden, casi en grupo, continuar sus estudios en alguna escuela normal; al platicar de esta decisión fui de los que pensé que profesor sería la última actividad a la que me dedicaría en la vida y con mucha firmeza y hasta con cierta burla rechacé la invitación a esta preparación.
En mi caso es un tanto inadecuado pensar en la transición de una profesión a la docencia, por que en el sentido estricto de la palabra realicé mi preparación profesional dentro del ejercicio de la docencia.
Después de un contrato por honorarios con una dependencia de la SEP, el Programa de Educación No Formal Agropecuario, se me otorgó la base y una clave definitiva en esta Secretaría, con mi formación habiendo egresado del nivel medio superior como Técnico agrícola. La actividad que desarrollaba no era de manera formal como docente, sin embargo no estaba totalmente desligada; trabajaba con grupos de productores agropecuarios implementando proyectos productivos. Nuestra intervención era tanto en asesoría técnica como en la gestión, para la constituirlos legalmente, tramitación de créditos, asesoría en la utilización de recursos y el manejo de conflictos intergrupales.
De manera previa a esta actividad tuve la oportunidad de trabajar un semestre en una academia comercial particular atendiendo la asignatura de cálculo mercantil que era una aplicación de aritmética con un poco de álgebra para la realización de cálculos mercantiles básicos. Acepté esta clase para complementar mis ingresos, y por no negar la invitación que me hiciera un buen amigo. Fue una experiencia muy agradable. Este asomo a la docencia implicó la preparación de los ejercicios, algún tiempo de estudio descifrando el algoritmo de fórmulas, diseñando instrumentos de evaluación, planeación de clase y llevando controles de grupo. Esta exploración vocacional representó una experiencia verdaderamente agradable, mostrándome las satisfacciones que surgen en el quehacer docente.
Con la aplicación de nuevas políticas institucionales en febrero de 1988 fui transferido al CBTA 90, incorporándome de inmediato a las aulas, no solicité este cambio de adscripción, por lo que mi ingreso a la docencia fue dado sólo por las circunstancias, sin embargo recibí con mucho agrado y con expectativas muy altas mis nuevas funciones.
Fue una época de gran aprendizaje, de conocer en la realidad mucho de la dinámica de los grupos, cómo aprenden los jóvenes, de experiencias a veces exitosas y de modificaciones en otras que resultaban un verdadero desastre, de convivir con grupos muy numerosos tanto de estudiantes como de profesores y sobretodo de poder unir y contrastar las vivencias de esta actividad con lo que abordábamos en la escuela al estar cursando la licenciatura en docencia.
El avance cada semestre de estudio proveía además de mayores elementos técnico-pedagógicos los saberes necesarios para incursionar en nuevas asignaturas, y debo reconocer que el mayor aprendizaje lo obtuve siempre no de mis profesores, sino de mis alumnos y de la necesidad de prepararme para cada sesión de clase.
Laborar en una escuela de corte tecnológico agropecuario ofrece muchas vivencias más allá del trabajo en las aulas, brinda la posibilidad de involucrarse con la problemática de la producción de ese sector, ya que estas escuelas tienen áreas en las que se realizan las prácticas agrícolas, pecuarias y agroindustriales, constituyéndose en verdaderas empresas productivas; llegando incluso a adoptar una forma legal de organización como lo es la Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo. Por medio de la vinculación que se establece con los productores participa uno también como un apoyo en la solución de algunos problemas o en el establecimiento de nuevos proyectos; acercándose un poco a los ideales de la antigua escuela rural mexicana. Se extiende así el papel del profesor fuera de los salones de clase.
Esta conjugación de actividades ha hecho que esta profesión, a pesar de que en cierto momento rechacé, sea un medio para el avance en mi realización personal, ofreciendo grandes oportunidades: obliga a una actualización permanente, demanda la utilización de nuevas tecnologías, la comunicación con jóvenes posibilita entenderse mejor con los hijos, se establecen grandes relaciones interpersonales, se acompaña a muchas personas que viven lo que considero la mejor etapa de su vida, que es el bachillerato, y lo más importante se realiza una actividad socialmente útil.
Aquí hay necesidad de considerar otro factor de gran importancia la satisfacción de colaborar en una escuela de reconocido prestigio y con gran éxito, pensando que con el trabajo cotidiano algún valor se está aportando al plantel, este significado se afirma cuando en las evaluaciones externas que se realizan tanto a los estudiantes como a los indicadores académicos y administrativos cada vez se supera la puntuación anterior.
Otro motivo de agrado es recibir sea la felicitación o el agradecimiento tanto de padres de familia como de los egresados por el trabajo que se está desarrollando. A la fecha han egresado del plantel 33 generaciones y es algo cotidiano encontrar a quienes un día atendimos como estudiantes convertidos en profesionistas que se desenvuelven de manera excelente y que en su saludo hay demostraciones tanto de cariño como de respeto hacia quienes fuimos sus profesores. No puedo dejar de mencionar que el ser maestro en este nivel me permitió participar en la formación de dos excelentes bachilleres, que continúan, de manera muy brillante, con su formación profesional, me refiero a mis dos hijos.
En esta introspección está presente también la insatisfacción, sobretodo cuando no he orientado de la manera más adecuada a un estudiante para ayudarlo a resolver sus problemas, o en las ocasiones en que de manera impulsiva atribuyo los incumplimientos como producto de su pereza o irresponsabilidad, antes de considerar su situación personal llegando incluso a la reprobación y baja del plantel.
A manera de conclusión les comento que los motivos de satisfacción son más grandes que los de insatisfacción, y en mi caso la docencia es mi profesión.
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