Resulta de gran riqueza la lectura “la aventura de ser maestro” de Esteve, complementada con las reflexiones de Paulo Freire y Miguel Angel Santos, al igual que el resumen que hace Marta Lluis Cladera en los recursos complementarios. Estas ideas provocan mayor reflexión al revisar nuestro proceder con los grupos.
Dentro de esa ambivalencia que encierra nuestra profesión considero que están latentes y coexisten dos estados tanto la satisfacción por lo que hicimos bien, que nos hace rozar con nuestras manos el cielo; como la frustración cuando dirigimos una clase en donde todo sale mal.
Dentro de nuestras obligaciones, la primera quizá, es la planeación de clase, en ella nos esmeramos dosificando contenidos, asignando recursos, distribuyendo tiempos, diseñando y realizando ejercicios, pero sobretodo fortaleciendo nuestros saberes, no vaya a ser que surja una pregunta que no sepamos responder. Al menos es lo que forma parte de mi historia. En muchas ocasiones los resultados en un grupo son magníficos, pero en otro son deplorables.
Después de analizar lo ocurrido normalmente la responsabilidad recae en las características de los estudiantes que están en el grupo, ya que su desempeño es muy bajo, tienen malos antecedentes académicos, son los jóvenes más indisciplinados y mil razones más. En la comodidad de haber encontrado al responsable termino el análisis, inclusive se comenta entre compañeros y normalmente concluimos en lo mismo, hasta tenemos el atrevimiento de vaticinar quienes serán dados de baja al término del semestre, y consideramos que eliminando a ciertos estudiantes el grupo tendrá un mejor desempeño, nuestras clases serán más cómodas y con mejores resultados.
A la luz de los principios de Manuel Esteve, debemos reflexionar que nadie nació sabiendo ser maestro, que se logra gracias a la experiencia; pero la experiencia puede ser mal entendida al considerarla como la repetición del mismo contenido, como una salmodia, con los mismo ejemplos y el mismo proceder durante muchas ocasiones; el autor especifica que se hace el buen maestro corrigiendo errores y apuntalando lo positivo. Aquí reconozco el gran error de la falta de humildad, ya que de inmediato busco la causa del problema en los estudiantes y no en el trabajo del profesor.
Sé que todos los grupos son diferentes, que cada estudiante tiene una forma particular de aprender; pero planeo y ejecuto solamente un tipo de clase centrándome en cómo debo enseñar y descuido las variadas maneras en que un estudiante construye su conocimiento para también variar las actividades que les propongo.
Otro aspecto que tengo necesidad de aprender es la manera de despertar la curiosidad del alumno en torno a los contenidos, para provocar que el interés por buscar más información de cada tema sea genuino, no sólo por la obligación de acreditar la asignatura.
Me percato también de otro problema que debe ser combatido, está tanto en la actuación personal del profesor como en las políticas institucionales, le podemos llamar inequidad en la atención de los alumnos. Nos preocupamos y ocupamos más atendiendo a los jóvenes sobresalientes, por el que se interesa en conocer más allá de lo establecido en los programas, del que participa y representa al plantel en los concursos académicos, del que prepara su ingreso a las facultades de mayor prestigio y presentamos una atención marginal en las clases para los que van quedando descolgados y que normalmente reprobarán y serán dados de baja del plantel. Esto es como si un médico cuidara la salud de las personas sanas, dejando morir a los enfermos.
En las actividades de apertura de una secuencia didáctica intento detectar los conocimientos previos de los estudiantes para partir de ellos hacia el desarrollo, mas no he utilizado este momento para detectar a quienes pudieran presentar un bajo rendimiento académico.
Encuentro también otra dificultad en la comunicación grupal por carecer de entrenamiento en estas técnicas. De nuevo culpo a los estudiantes por su bajo nivel de habilidad lectora al no poder interpretar instrucciones y procedimientos en los diversos ejercicios que les planteo. Considero que aquí lo conveniente será verificar que los mensajes sean emitidos en el código adecuado y recibidos de manera correcta; además de buscar ayuda en el manejo de técnicas de comunicación grupal.
Finalmente sólo agrego que faltan muchas acciones para disminuir el malestar docente pero a pesar de su existencia es mayor el bienestar por dedicarme a esta actividad.
Dentro de esa ambivalencia que encierra nuestra profesión considero que están latentes y coexisten dos estados tanto la satisfacción por lo que hicimos bien, que nos hace rozar con nuestras manos el cielo; como la frustración cuando dirigimos una clase en donde todo sale mal.
Dentro de nuestras obligaciones, la primera quizá, es la planeación de clase, en ella nos esmeramos dosificando contenidos, asignando recursos, distribuyendo tiempos, diseñando y realizando ejercicios, pero sobretodo fortaleciendo nuestros saberes, no vaya a ser que surja una pregunta que no sepamos responder. Al menos es lo que forma parte de mi historia. En muchas ocasiones los resultados en un grupo son magníficos, pero en otro son deplorables.
Después de analizar lo ocurrido normalmente la responsabilidad recae en las características de los estudiantes que están en el grupo, ya que su desempeño es muy bajo, tienen malos antecedentes académicos, son los jóvenes más indisciplinados y mil razones más. En la comodidad de haber encontrado al responsable termino el análisis, inclusive se comenta entre compañeros y normalmente concluimos en lo mismo, hasta tenemos el atrevimiento de vaticinar quienes serán dados de baja al término del semestre, y consideramos que eliminando a ciertos estudiantes el grupo tendrá un mejor desempeño, nuestras clases serán más cómodas y con mejores resultados.
A la luz de los principios de Manuel Esteve, debemos reflexionar que nadie nació sabiendo ser maestro, que se logra gracias a la experiencia; pero la experiencia puede ser mal entendida al considerarla como la repetición del mismo contenido, como una salmodia, con los mismo ejemplos y el mismo proceder durante muchas ocasiones; el autor especifica que se hace el buen maestro corrigiendo errores y apuntalando lo positivo. Aquí reconozco el gran error de la falta de humildad, ya que de inmediato busco la causa del problema en los estudiantes y no en el trabajo del profesor.
Sé que todos los grupos son diferentes, que cada estudiante tiene una forma particular de aprender; pero planeo y ejecuto solamente un tipo de clase centrándome en cómo debo enseñar y descuido las variadas maneras en que un estudiante construye su conocimiento para también variar las actividades que les propongo.
Otro aspecto que tengo necesidad de aprender es la manera de despertar la curiosidad del alumno en torno a los contenidos, para provocar que el interés por buscar más información de cada tema sea genuino, no sólo por la obligación de acreditar la asignatura.
Me percato también de otro problema que debe ser combatido, está tanto en la actuación personal del profesor como en las políticas institucionales, le podemos llamar inequidad en la atención de los alumnos. Nos preocupamos y ocupamos más atendiendo a los jóvenes sobresalientes, por el que se interesa en conocer más allá de lo establecido en los programas, del que participa y representa al plantel en los concursos académicos, del que prepara su ingreso a las facultades de mayor prestigio y presentamos una atención marginal en las clases para los que van quedando descolgados y que normalmente reprobarán y serán dados de baja del plantel. Esto es como si un médico cuidara la salud de las personas sanas, dejando morir a los enfermos.
En las actividades de apertura de una secuencia didáctica intento detectar los conocimientos previos de los estudiantes para partir de ellos hacia el desarrollo, mas no he utilizado este momento para detectar a quienes pudieran presentar un bajo rendimiento académico.
Encuentro también otra dificultad en la comunicación grupal por carecer de entrenamiento en estas técnicas. De nuevo culpo a los estudiantes por su bajo nivel de habilidad lectora al no poder interpretar instrucciones y procedimientos en los diversos ejercicios que les planteo. Considero que aquí lo conveniente será verificar que los mensajes sean emitidos en el código adecuado y recibidos de manera correcta; además de buscar ayuda en el manejo de técnicas de comunicación grupal.
Finalmente sólo agrego que faltan muchas acciones para disminuir el malestar docente pero a pesar de su existencia es mayor el bienestar por dedicarme a esta actividad.
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